El indicador sintético de actividad que elabora el Ministerio de Economía y Hacienda apunta a un crecimiento del 2% en el segundo trimestre del año. Esta cifra, aunque es ocho décimas inferior al crecimiento interanual del PIB en los tres primeros meses del año, se mantiene inalterada respecto al primer trimestre, en el que el citado indicador se situó también en el 2%. Y es que históricamente la diferencia entre este índice y el crecimiento del PIB que elabora el Instituto Nacional de Estadística se mantiene en torno a seis o siete décimas.
Los datos disponibles en el poco más de mes y medio que llevamos de este segundo trimestre del año llevarían, por tanto, a hablar de mantenimiento de la actividad en los mismos niveles de los tres primeros meses del año, pero Economía pide cautela y reconoce que todavía queda más de un mes para cerrar el trimestre. La mayoría de los analistas creen, además, que la desaceleración continuará en este periodo y algunos, como Funcas, auguran un posible crecimiento negativo. De hecho, para que el PIB mantuviera su ritmo anual de crecimiento en el 2,7%, la tasa intertrimestral tendría que aumentar casi un punto, lo que parece imposible en este momento de severo ajuste de la construcción.
Lo que sí continúan cayendo, según el boletín de coyuntura económica semanal del departamento que dirige Pedro Solbes, son los indicadores de confianza. El índice de sentimiento económico, se sitúa en lo que va del segundo trimestre en el 80,7%, frente al 87,3% del trimestre anterior; el indicador de confianza de la industria cayó un 9,7% en abril y el de los consumidores un 25,2.
Con estas cifras en la mano, lo que sí es cada vez más improbable es que se cumplan las previsiones de crecimiento económico del Ejecutivo. Si en el primer trimestre, el PIB tuvo un incremento intertrimestral de tres décimas, para que la economía española crezca un 2,3% en el conjunto del ejercicio, como se establece en la última estimación de crecimiento del Gobierno, los aumentos intertrimestrales deberían situarse por encima de las seis décimas, el doble de estos tres primeros meses, lo que si no imposible, es cada vez más difícil.
La fuerte desaceleración económica que se ha producido en España en el primer trimestre del año, que ha coincidido con la fortaleza de las grandes economías europeas, Francia y Alemania, que son nuestros principales clientes, no se ha traducido, sin embargo, en una mejoría del saldo comercial.
Se acelera el déficit comercial
Por el contrario, los datos que recoge el Ministerio de Economía explican que el déficit comercial creció un 23% en marzo y un 20,2% en el conjunto del primer trimestre. Según los técnicos del Ministerio de Economía el repunte del desequilibrio comercial se debe al déficit energético, ya que el déficit de los otros productos disminuyó un 3,8%. La ralentización del consumo no se ha traducido, de momento, en una merma de las importaciones, mientras las exportaciones tampoco reflejaron la fortaleza que han mostrado las grandes economías europeas.
Para el futuro, las expectativas no son mucho mejores. El rápido aumento de los precios petrolíferos ha aumentado los temores inflacionistas y sus repercusiones sobre los costes empresariales y el gasto de los consumidores.
Y estos elevados costes de la energía encarece también las importaciones y, por tanto, amenaza con deteriorar aún más el sector comercial, sobre todo teniendo en cuenta la pérdida del ritmo de actividad que se prevé en algunos de nuestros grandes clientes como Francia en este segundo trimestre. Según el Banco de Francia, el crecimiento intertrimestral del país vecino podría reducirse a la mitad, al 0,3%.
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